...la tierra se fertiliza y allí donde quedó una grieta crece una nueva máquina, verde, rebelde y con el corazón palpitando lleno de savia.

miércoles, 3 de julio de 2013

Dias intensos.

Días intensos. Días intensos. Días eternos y efímeros como una caída, una lluvia o un mar de lágrimas. Días intensos en mi y en el afuera. Me duele el cuerpo, pero la piel está respirando historias, transpirando amores. Amar y soltar miedos. Tener miedos y decirlos, como sea. Tener trabajo, perderlo, volver a conseguir otro. Imaginar un ahorrito a fin de mes, disfrutar del momento y tomarse unas birras -salgan lo que salgan-. Andar en bici, en micro, caminar, volver en taxi. Sola, abrazada, dormida, con tus manos alrededor de mi cuerpo, aguantándome. Apagar el despertador, salir sin desayunar, tomar mates en la escuela, aprender, darte un beso antes de salir. Ir al cine, ir a cumpleaños, a fiestas, a muestras. Cenar sola, saltear el almuerzo comiendo pavadas. Escribir, escribir por placer, para la facu, para el proyecto, para la revista, responder mails, pagar impuestos, pagar el alquiler. Comprar la comida del gato, regar las plantas, ver cómo nacen las flores lentamente. Escuchar música. Darme un baño calentito y sonreír. Lavarme el maquillaje, hacer caras en el espejo. No creer todas las imágenes que me devuelven los espejos, sobretodo cuando estoy enojada conmigo misma. Mandar un mensaje, esperar, cocinar una cena (de verdad o en mi cabeza), esperar. Soñar mucho y revolver la cama. Soñar los miedos, soñar las alegrías. Abrir la puerta y encontrarme con un beso, desear, soplar las velitas y no poder pensar en deseos. Dormir. Ir a fiestas, a ferias, a talleres, a juntadas, al trabajo, a la verdulería, al chino. Abrazarme en una hamaca, escuchar el sonido de los árboles. Pedir abrazos, llorar de cansancio de llorar sola. Cantar en la bici. Despertar. Seguir. Días intensos. Días largos, cortos. Días intensos.